
- ¡ésta tira un zapato al aire y adonde cae va!-... fue lo primero que exclamó mi tía Rosa después de que le dije a mi mamá que me iba al Paico... se me ocurrió en el momento y partí camino al campo... recogí un poco de ropa, lave los platos del día anterior y en una hora me encontraba en el campo... ya hacía tiempo que no disfrutaba, aunque sea por unas horas, del color de las siembras y los cerros, el ruido del río, el silencio que solo es interrumpido con el sonar de las hojas que se mueven con el viento... de las negras noches que dejan apreciar las estrellas y que solo con la luna se ilumina el camino.. ¿cómo no disfrutar?... con los cuentos de espíritus, duendes o brujas... ese pedacito de campo esta lleno de magia...
Está vez solo quería disfrutar de mi familia y de las bondades del sol... aunque de esto último no tuve muchos resultados... -¡Ya llegaste!- exclamó mi prima cuando salió a abrir el portón y partimos a que me presentara su nueva vecina... conversamos hasta tarde poniendonos al día con nuestras vidas. No fue mucho lo que compartí con el resto pero disfruté el viaje, más cuando pude sacarle 175 al rojito... si si si... ¡que irresponsable!... pero ¿qué hacer frente a una carretera vacía y recta?... la respuesta... correr...
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